En verano, el calor no es el único enemigo de la piel. El aire acondicionado, el exceso de pantallas, la polución y la radiación UV también alteran su equilibrio natural, generando tirantez, deshidratación y sensibilidad. Frente a este escenario, sumar un gesto simple pero efectivo a la rutina diaria puede marcar la diferencia: incorporar una bruma hidratante.
Estas fórmulas no solo aportan hidratación inmediata, sino que también ayudan a reforzar la barrera cutánea y a proteger la piel de las agresiones invisibles del día a día. Gracias a su acción antioxidante, colaboran en la defensa frente al estrés ambiental, mientras calman, suavizan la textura y aportan elasticidad. Usadas de manera continua, favorecen una piel más equilibrada, luminosa y con menos rojeces, además de mejorar cómo se asienta el maquillaje.

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Este tipo de brumas suele acompañar la rutina básica de skincare y potenciar sus resultados. ¿Cuándo usarla?:
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Por la mañana, sobre la piel limpia, como primer paso de hidratación.
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Antes del maquillaje, para lograr una base más suave y pareja.
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Después del maquillaje, como toque final hidratante.
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Durante el día, para refrescar la piel y combatir la sequedad del aire acondicionado.
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Luego del ejercicio, la exposición solar o largas horas frente a pantallas.
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Por la noche, como gesto calmante después de la limpieza.
“Así como protegemos la piel del sol, también es importante cuidarla de las agresiones invisibles del día a día, como el aire acondicionado, el exceso de pantallas o la radiación UV en verano. Y eso no implica sumar pasos complejos: a veces, un gesto tan simple como aplicar una bruma antioxidante a lo largo del día puede repercutir notablemente en cómo se siente y se ve la piel”, explica Marisol Gómez, fundadora y directora de Natceuticals.
Productos que hidratan la piel

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